lunes, 21 de noviembre de 2011

Crisis de deuda, recortes, mercados, capitalismo. No es tan complicado

Cada vez que oigo hablar sobre el poder de los mercados y el capitalismo me sigo quedando perplejo. Falta conocimiento de cómo funciona el mundo, la sociedad. O mejor dicho, falta la madurez para distinguir la diferencia entre cómo funciona el sistema y cómo nos gustaría que funcionase.



No gusta que los gobiernos tengan que cambiar por motivos económicos, no gusta ceder soberanía a Europa, no entendemos por qué el BCE no compra de una vez la deuda de Grecia y se acabaron los problemas con el mercado, tampoco entendemos por qué se tensa todo tanto que incluso dimiten algunos presidente de gobierno, no entendemos por qué Alemania no acaba de ser más resolutiva.





¿Mercado? ¿Europa? ¿ceder soberanía? ¿que el BCE resuelva? ¿forzar a cambios en los gobiernos? Todo es mucho más sencillo de lo que parece si aplicamos la lógica personal del día a día con un par de ejemplos





Primer ejemplo, son las reglas del juego

Imaginemos que nos vamos al banco a pedir un préstamo. Todos conocemos las reglas: si tenemos ingresos regulares, contrato indefinido, un gasto comprometido en préstamos menor o igual que el 30% de nuestros ingresos y si además el préstamos se pide para cubrir parte de una inversión y no su totalidad... Voilá, entonces tenemos préstamo.





Cuanto mayores sean nuestros ingresos, menor el % de gastos y más dinero tengamos ahorrado para la inversión, más posibilidades de obtener financiación tenemos. 





¿Por qué? porque el banco es un negocio y quiere ganar dinero y, sobre todo, no perderlo. Cuanto más dentro del perfil de pagador estemos, más fácil lo tendremos. Si además ponemos también nuestro dinero para cubrir parte de la inversión el banco sabe que tenemos más intención de que esta sea duradera y de nuestro interés en cumplir.




Vaya, ¡cómo son los bancos!, ¡qué egoistas!, ¡qué poco altruismo!. Es cierto, pero es que los bancos al final se componen de personas. Y me explico con el segundo ejemplo.




Segundo ejemplo, pongámonos en su lugar

Imaginemos tenemos un compañero que conocemos desde hace tiempo y que nos pide que le echemos una mano. Tiene una pequeña empresa, con varios empleados, préstamos que pagar, nóminas, proveedores,... con la crisis las cosas no le van bien y nos pide ayuda económica. Necesita dinero y no puede pedir más créditos. Nosotros tenemos algo ahorrado en el banco, pero ¿se lo dejamos?. ¿qué haríamos? veamos lo que nos dice la lógica:







- ¿qué planes tienes? sabes que el dinero que tengo son mis ahorros, lo que gano trabajando y... bastante esfuerzo hago (¡sorpresa!: preguntamos para qué lo quiere, como los bancos)

Entonces nuestro compañero responde:

- pues los quiero utilizar para remodelar el local de la zona norte. Estoy convencido de que puede ayudarnos a que entre más gente en la tienda y que así aumentaremos las ventas.

- oye, pero esa cantidad, ¿no puedes ahorrarla en algo?  Manejáis mucho dinero y esto no parece una cantidad excesiva.


- pues he pensado varias cosas, pero no las veo claras, podríamos reducir el número de móviles que tenemos, también hay un montón de gastos que podíamos controlar mejor, pero tendría que controlar mucho más todo lo que hace mi gente, incluso si abriésemos los viernes por la tarde en lugar de los lunes por la mañana, probablemente venderíamos más. Sin embargo llevamos tiempo sin subir sueldos y no estamos para pedir esfuerzos, se me echan encima. 

- déjame que lo piense, anda, te digo algo el lunes.





y nos vamos a casa a reflexionar, se lo contamos a nuestra pareja.

- Anda, ¡qué simpático!, no quiere pedirle esfuerzo a su gente y te lo pide a tí

- lo sé, pero es que hemos sido compañeros muchos años, es una pena no ayudarle. Y es verdad, si invierte algo mejorará, probablemente venda más.

- ya, ya, y además tenemos el dinero, lo sé. Pero es que lanzarse a reformar el local más sin probar otras cosas que te dice... es muy arriesgado. ¿No sería mejor invertirlo en el plan de pensiones como teníamos pensado?.

- cierto, el año pasado ya le dejamos dinero, y quedó en devolvérnoslo dentro de dos meses... Mmm, no podemos prestárselo sin más. ¿por qué no se decide a resolver esos temas que me contaba?

- Y entonces ya no es que dejemos de ahorrar, es que tendremos que retrasar el cambio de la calefacción y las ventanas.

- Pues prestémosle el dinero, pero que nos cuente cómo y cuándo nos lo va a devolver, que haga los cambios que dice. Sino dentro de unos meses volveremos a lo mismo. 




El lunes, volvemos a ver a nuestro compañero y ante lo que proponemos responde:

- no me esperaba que pusieses condiciones. Ya has visto que en otras ocasiones te he devuelto el dinero, sin problemas

- ya pero es que esta vez todavía tenemos pendiente lo del año pasado.

- Pues no me gusta nada hacer esos cambios, se me van a poner como fieras. Además los socios, no querrán  que nadie se meta en la gestión. Estoy convencido de que reformar el local es necesario y remontaremos...

- Pues tendréis que poneros de acuerdo vuestros socios y tú, sino no podemos arriesgar el dinero.